El maestro que me pidió que no me adelantara

Yo entré a alemán en enero de 2017, en la universidad. Una hora diaria, de lunes a viernes, y me enganché desde el primer día. No es exageración: me enamoré de la gramática, que es justo lo que casi todos odian. Y como me encantaba, participaba. Muchísimo.

Lo que pasó

Diciembre de ese año, se acaba una clase y el maestro me pide que me quede tantito. Y me dice, con toda la calma del mundo, que si le puedo bajar. Que no me adelante tanto, que deje que los demás contesten.

Me cayó horrible. Salí de ahí sintiéndome regañado por hacer justo lo que me gustaba hacer.

Y tenía razón. Yo tardé años en verlo. Él tenía un grupo entero y un programa que cubrir, y yo estaba contestando todo antes de que los demás alcanzaran a pensarlo. Eso no ayuda a nadie, ni a ellos ni a mí.

Lo que hice con eso

Lo entendí al revés, y a lo mejor por eso funcionó. En vez de bajarle en clase, me fui y me compré los libros de los dos niveles que seguían.

Y ahí se me fueron las vacaciones. No salí. Todo el día en alemán: los dos libros, uno tras otro, hablando solo en voz alta por la casa, poniéndome historias en alemán para dormirme. Terminé los dos libros en un mes.

En enero me presenté al examen de reposicionamiento y me saltaron dos niveles. Dos niveles ahí son dos semestres, o sea un año entero del camino normal, y me los salté en unas vacaciones de diciembre.

Lo que me quedó de ahí

Dos cosas, y las sigo usando.

La primera es que el salón te lleva al ritmo del salón, y está bien que así sea, porque un grupo es un grupo. Pero fuera del salón el ritmo lo pones tú, en tu casa, con tus libros. Nadie te va a decir que le eches más ganas de las que traes.

La segunda es que un mes encerrado con un idioma le hace algo que un par de clases por semana no le puede hacer, por buenas que sean las clases. Es otra cosa. Yo estuve metido: leía y hablaba solo el mismo día, todos los días. Eso es lo que después traté de repetir en Alemania, y es lo que trato de meter en los cuadernos, que no sea nada más leer la regla.

Y una que me costó más

Que contestar rápido no es lo mismo que entender. Yo levantaba la mano antes de que acabaran la pregunta y a veces le atinaba de puro reflejo, por cómo sonaba. Cuando me tocó hablar con alemanes de verdad, ya viviendo allá, esos reflejos no me sirvieron de nada. Y ahí es donde te das cuenta de lo que traes.

Y si andas en un salón sintiendo que vas más rápido que la clase, tampoco es que le tengas que bajar. Nada más no te lo creas todavía, y vete a tu casa a adelantarte.

Soy Juan. Enseño alemán en TikTok (@juanescalonaidiomas) y escribo cuadernos de gramática en PDF. Si algo de aquí no te quedó claro, déjamelo en los comentarios de cualquier video y ahí te contesto.

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